He partido al otro lado del mar. No llevo ningún adiós en mi
recuerdo. En la travesía, las aves, mis únicas compañeras de viaje, han
preferido callar su canto. No sé nada de los días, aquellos que preceden y
anteceden a las formas futuras. He presenciado el invierno. No he preguntado a
nadie de la tierra a donde voy ni de la tierra que dejo. Sólo guardo un sueño
debajo de una piedra, en el campo. Llevo este nombre que me han dado las aves
al alejarme. Viaje, ya no nos alcanza la mano del olvido, aunque haya
tempestad, en este vuelo que nunca esperemos, cruzar, como un viejo animal, el
día. ¿Qué puedo decir de lo que soy? En alguna parte quedará mi cuerpo. No
habrá fiesta, sólo en una piedra deforme, grabará, la tinta en la costra el nombre.
Seguramente un día, no lejos de un allá, pernoctará, silenciosa y triste la
lluvia. Un camino, ya herida la tierra, será el río. Amanecer que tanto el
corazón suspira.
recuerdo. En la travesía, las aves, mis únicas compañeras de viaje, han
preferido callar su canto. No sé nada de los días, aquellos que preceden y
anteceden a las formas futuras. He presenciado el invierno. No he preguntado a
nadie de la tierra a donde voy ni de la tierra que dejo. Sólo guardo un sueño
debajo de una piedra, en el campo. Llevo este nombre que me han dado las aves
al alejarme. Viaje, ya no nos alcanza la mano del olvido, aunque haya
tempestad, en este vuelo que nunca esperemos, cruzar, como un viejo animal, el
día. ¿Qué puedo decir de lo que soy? En alguna parte quedará mi cuerpo. No
habrá fiesta, sólo en una piedra deforme, grabará, la tinta en la costra el nombre.
Seguramente un día, no lejos de un allá, pernoctará, silenciosa y triste la
lluvia. Un camino, ya herida la tierra, será el río. Amanecer que tanto el
corazón suspira.