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sábado, 12 de marzo de 2011

Réquiem por las víctimas de las guerras y las catástrofes

Y no comprendemos nada
del ruido y del silencio
que sale del fondo de la tierra,
de la voluntad del hombre
aquel que irriga con la muerte
las casas y los pueblos de los niños,
de aquellos que no veré crecer,
de aquellas madres que dejaron
sus sueños y esperanzas en el fango del dolor,
de aquellos padres que fueron atrapados
por el miedo, por el terror que sus ojos vieron:
el agua y la sangre que embarró sus cuerpos.

Todo ese silencio es un grito amargo,
una cosa que crece como las yedras
entre las flores y los niños.

Que no haya más dolor en este pecho,
no más dolor en la palabra,
no más dolor en el camino,
no más dolor en el sueño,
no más dolor en el la sed y en el hambre.

¡Levántate de la tierra, hermano, amigo,
levántate del polvo ennegrecido,
aléjate del polvo de la muerte,
agárrate del árbol de la vida,
agárrate del amor que hay en el fondo de tu pecho,
no de la oscura palabra,
aquella que siembra sin piedad,
lo que hoy vez con dolor.
Súmate al camino de la Luz,
a éste que pregonan los niños cuando nacen,
el camino de la vida, no de la muerte!

París 12-3-2011

3 comentarios:

Clara Patricia Cano dijo...

La tecnología de punta, ni la riqueza y el poder humano, puede contrarrestar la fuerza de la naturaleza. Mas dolor, más llanto, más desesperanza.

Saludos Amigo.

anif-larom@hotmail.com dijo...

Triste y amargo poema Porfirio. Pero al tiempo bellísimo, lleno de buenos deseos hacia la humanidad.
La tierra esté enfurecida, y sólo asoma un poquito de su rabia…

anif-larom dijo...

Triste y amargo poema Porfirio. Pero al tiempo bellísimo, lleno de buenos deseos hacia la humanidad.
La tierra esté enfurecida, y sólo asoma un poquito de su rabia…